Escenario Político

Por: DANIEL ADAME OSORIO.

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A partir del año 2000, no pueden escatimarse los esfuerzos del nuevo gobierno emanado de la oposición por dar al país algunos avances en materia de democratización política, al cumplirse los procedimientos mínimos, como el “voto secreto, el sufragio universal de los adultos, la realización de elecciones en forma periódica, la competencia libre de los partidos, el reconocimiento de las asociaciones y el acceso a ellas, así como la rendición de cuentas del Poder Ejecutivo, requisitos a que se refiere el politólogo, Guillermo O’Donnell, a las que se agregaron la creación de instituciones garantes del acceso a la información pública, entre otras.

El Poder Ejecutivo Federal en México, ya en la silla del águila, el PAN, a pesar de las características autoritarias predominantes, se vio ampliamente minado porque el partido otrora en el poder no sólo conformó un bloque en su contra, sino que generó un esquema bloqueo en cámara de Diputados y encareció las reformas de la política de ajuste estructural propuesta por el Presidente, quien (sin mayoría en el congreso) ignoró la importancia de negociar con los integrantes del Congreso de la Unión para que prosperaran sus iniciativas y simplemente las enunció ante las cámaras de televisión abierta a la sociedad, que carece de poder para aprobarlas.
Como consigna en sus Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas, Guillermo O’Donnell, agrega que no hay delimitaciones claras en los procesos de transición, liberalización y democratización, ni existen reglas claras para concretarlas. Tampoco, refiere, son irreversibles.

En el caso México, esto quedó ampliamente demostrado cuando el primer partido en el poder emanado de la oposición con dificultades, pudo traspasar el poder a uno de sus correligionarios en el proceso presidencial de 2006, cuando el candidato de Acción Nacional llegó al gobierno gracias al diseño institucional y sus órganos electorales judiciales intervinieron, dadas las controversias en la competencia, al alzarse con la victoria apenas con poco más de medio punto porcentual, lo cual motivó amplios problemas en el discurso de legitimidad, lo mismo que de polarización política, así como las recurrentes y no sancionadas intromisiones del Presidente en funciones Vicente Fox para favorecer al candidato de su partido, Felipe Calderón Hinojosa.

Acaso los problemas de regresión en los procesos de transición, liberalización y particularmente de democratización se acendraron en el gobierno de Acción Nacional en el período 2006-2012. Su incapacidad para negociar con las fuerzas políticas, lo mismo que con los congresistas, su declaratoria de guerra al crimen organizado y a los cárteles del narcotráfico, la presencia militar en todo el país, lo mismo que la violación de derechos humanos y asesinatos de civiles formaron parte del paisaje de la administración del presidente, Calderón. Aunque la estrategia del presidente, Peña Nieto, (México en paz) no fue mejor, hoy, el recubrimiento que plantea la coyuntura crítica de la crisis sanitaria global, pone a su costado al (otro) problema notable del país: los homicidios en espacios públicos que encuentra a la administración del presidente, López Obrador con el mismo abordaje policial y militar y con una multiplicación exponencial de homicidios.

Aún más: la élite militar tiene desde la constitución (con la Guardia Nacional) las facultades en la estrategia contra la delincuencia organizada y sin embargo, el agravamiento de la crisis de seguridad es notable, dado que el gobierno mexicano no ha logrado articular con información, estrategia e inteligencia una política de seguridad generadora de resultados a la sociedad, en medio de un momento crítico para la economía, las familias, las empresas y, la política queda como el instrumento en la búsqueda de refrescar la vida pública.

 

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